PRÁCTICA 5 CARLOTA VASALLO
Objetos utilizados: zapatos, cuadro, bastón, cámara y maleta.
Enzo Bellini es un hombre de 74 años de edad, 1,86 de altura, que, debido a su pronunciada joroba, se percibe como un hombre de baja estatura. Su aventurada vida se refleja en cada arruga de su piel, enfocándose en la comisura de sus labios y sus manos, que, iguales que una pasa, están perdiendo utilidad gracias al peso de la aguja del reloj, que sin mirar atrás, cumple cada dia su ardua tarea de marcar al sol cuando volver a esconderse.
No destaca en sociedad, pero un rastro de olor a incienso y tabaco quemado marca cada pequeño paso que consigue avanzar, siempre con su bastón. Según el, el mejor amigo de un hombre no es el perro, es el bastón que con esfuerzo y sacrificio, alguien forjó para poder continuar el camino de la vida; algo así como una katana para los japoneses. Compró ese bastón en uno de sus viajes a Tailandia; un monje budista le aseguró que siempre se acordaría de él, aunque muchas veces le odiara. Enzo no entendió porque iba a odiarle, hasta el día que no pudo andar sin su ayuda.
No le molestaba tener que usar bastón, incluso le gustaba, se acoplaba bastante bien a su aura antigua y misteriosa, le molestaba no tener ambas manos disponibles, “muchas fotos no he podido plasmar por tener mi mano ocupada con este palo del demonio” decía siempre que podía.
Se podría decir que su cámara ha sido una extremidad más, según el, es la única manera de captar un recuerdo. El se dio cuenta de esto hace más de 40 años, cuando salía por sus poros el ansia de recorrer todo el mundo. En uno de sus viajes a Japón, conoció a un amable zapatero en Akaigawa; tenia un hermoso local tradicional. Salió a fumarse un cigarrillo cuando una mujer se paró justo en frente de la puerta. En ese momento Enzo vio la foto perfecta, sacó su preciada cámara y captó ese satisfactorio momento para sus ojos.
La mujer se fue, y Enzo, no hizo nada más que revelar su carrete y guardar esa foto. Se convirtió en su obra favorita, era la foto perfecta, tenia armonía y ese toque seductor. Después de analizarla en profundidad decidió buscar a esa mujer para poder fotografiarla. Pero no pudo.
Esa foto sigue siendo su foto favorita y los zapatos de aquel zapatero los más preciados.
A veces sueña con ella pero no le molesta; tampoco piensa en una obsesión, el ha podido seguir con su vida y enamorarse de otras mujeres, pero esa foto siempre fue perfecta. En una ocasión, pensó que quizás no era la mujer sino la foto de la que tanto se había enamorado.
Ya no piensa mucho en eso, es algo que hace tiempo aceptó. Ahora está feliz, sabe que no le queda apenas aventura por vivir, por ello, ha decidido volver a Japón una última vez, su último viaje en esencia
.


Comentarios
Publicar un comentario